Buenas alcaldías, sobre todo buenos ciudadanos. Eso necesita Bogotá

Me duele Bogotá. No solo por las malas administraciones que ha tenido en los últimos años, sino también por los malos ciudadanos. Esos que dicen amar la ciudad, pero que a la hora de la verdad lo único que hacen es dañarla, más o peor que los que se encuentran en el Palacio de Liévano.

Me duele ver como se ha perdido el sentido de pertenencia y como la ciudad de las oportunidades, ha pasado a ser la ciudad de los horrores. Pero esto no solo es un tema de política, también es un tema de cultura. Esa misma de la que ya queda muy poca.

Me duele y se me retuerce el estómago cada vez que alguien ignora las canecas y bota basura en la calle. De verdad, un bogotano —así no sea de esta ciudad— que se respete tiene la maleta llena de basura, esa misma que por amor y respeto a la ciudad no la bota por ahí.

Me duele y me indigna cada vez que veo a alguien colarse, dañando las instalaciones y orinándose en Transmilenio sin importarle nada. ¡HÁGAME EL… FAVOR! ¿Hasta dónde vamos a llegar? No señores, por más que odien este sistema de transporte, esa no es la manera de comportarse. Puedo asegurar que los perros que he visto en los portales y estaciones no han llegado hasta ese punto, (bueno los pobres animales sí entran colados, pero por obvias razones).

Me duele y me enfada ver como gente que viene de otros lugares de Colombia, —quiero aclarar, no todos— viven criticando y lamentándose de su día a día en Bogotá, pero viven ignorando las mínimas normas de convivencia. ¿Por qué comportarse así con esa tierra que le está dando la oportunidad de crecer, de tener un trabajo y de prosperar? No. Así como se portan en su tierra natal, deben comportarse en Bogotá, una ciudad que adopta a todos, sin importar raza ni acento.

No voy a negar que yo también me he despachado en contra de mi ciudad y más cuando me han robado, me han empujado y me han pasado por encima en Transmilenio. Cuando se cuelan en la fila y no pagan el pasaje, cuando se me ensucian los zapatos de popo porque alguien dejó los desechos de su mascota en el parque. Cuando voy pasando la calle y los conductores no respetan las señales de tránsito o cuando voy en bicicleta y los peatones no respetan la ciclorruta. Cuando sale a flote ese argumento: usted que es más boba, cuando quiero respetar el tiempo y el espacio de los demás. Y aquí puedo quedarme enumerando un sinfín de motivos que me hacen maldecir de mi ciudad.

Me duele todo lo que está pasando en Bogotá, desde sus gobernantes hasta sus habitantes. El mal comportamiento de muchos y la indiferencia de otros. Mi invitación es a que todos gobernemos esta ciudad. Hay pequeñas acciones que hacen cambios en la sociedad y más en esta que tanto lo necesita.

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